Los habitantes del barrio Mellah que aún no se han beneficiado del programa de realojamiento viven todavía en una atmósfera de inestabilidad social y angustia debido a que sus casas amenazan ruina. Solo la semana pasada, el techo de una casa del callejón 24 se derrumbó en ausencia, afortunadamente, de sus dos habitantes, que estaban trabajando y que se encontraron sin hogar junto a otras familias que observan una sentada abierta en el corazón del barrio Mellah desde hace casi un año.
En la sentada encontramos viudas, divorciadas, huérfanos, familias enteras que se han quedado sin hogar tras el derrumbe de sus casas, mientras que otros prefirieron abandonar sus habitaciones para evitar lo peor. Las imágenes son más que impactantes y tristes, por lo que el problema adquiere un carácter social, económico, de seguridad y político. Aquí conviven la miseria, la venta clandestina de alcohol y estupefacientes en el corazón de las ruinas de las casas derrumbadas, mientras está en pleno apogeo el mercadeo de votos electorales en estos tiempos de crisis.
Los ciudadanos, aferrándose a su derecho a la vivienda, están decididos a continuar su sentada a la espera de la resolución del expediente, que se ha prolongado demasiado. Miran con tristeza las imágenes de la muerte que acecha en los callejones húmedos del barrio Mellah, que ha conocido varios incidentes trágicos desde hace varios años. Recientemente, una delegación de las autoridades locales se desplazó al barrio y precintó una casa que amenazaba ruina, a la espera de aportar una solución al problema de las familias que se preparan para pasar un invierno lluvioso y frío.
Proveedor / Fuente : Abdelali khallad, Libération